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Cultura

Oaxaqueña se ha convertido en famosa tejatera, en un sector de Los Ángeles

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Por: Jacqueline García/ La Opinión

LOS ÁNGELES, CALIF.- Amalia Gutiérrez Mateo tenía 41 años de edad cuando se vio forzada a dejar su pueblo San Marcos Tlapazola, Tlacolula, en el estado de Oaxaca (México) para emigrar a Estados Unidos.

“Mis hijos me dijeron que solo venía por seis meses”, contó Amalia, hoy de 53, entre risas. “Cuando llegué [a Los Ángeles] sí era difícil. Yo me quería regresar”.

Poco después de instalarse con uno de sus tres hijos, Amalia cuenta que comenzó a buscar oportunidades de empleo.

“Y como yo no sabía trabajar en nada más, empecé a hacer téjate [una bebida prehispánica hecha a base de maíz, cacao y otros ingredientes naturales]”, contó la oaxaqueña. “Ya después hacía atole, tamales, nicuatole [un postre oaxaqueño] y comida”.

Amalia aún recuerda cuando empezó a vender téjate en la calle. “Mi hija me llevaba a la calle y yo me ponía en la esquina de la Pico y la Western y empezaba a gritar ‘¡Téjate!’, ‘¡Tamales!’”, narró.

“[Creo] que a veces yo le daba lástima a la gente y se bajaban del carro y me daban dinero.En otras ocasiones, no vendía nada y me regresaba a la casa con toda mi venta”.

Sin embargo, fue su perseverancia y el amor a su cultura que pese a estar a cientos de millas de su tierra, decidió comenzar a involucrarse con grupos oaxaqueños en Los Ángeles.

Esta oportunidad le abrió las puertas para que más personas conocieran sus deliciosos platillos, bebidas y postres tradicionales.

“Ya después me llegaban las órdenes y me empezaban a pedir 100 o hasta 300 tamales”, indicó Amelia.

LA BEBIDA DE LOS DIOSES

El téjate, es comúnmente conocido como ‘la bebida de los dioses’, ya que se dice que desde el emperador Moctezuma II hasta sus trabajadores tomaban varias jícaras de la bebida al día para tener fuerzas.

También es un reemplazante a las bebidas azucaradas y/o energetizantes mucho más saludable, ya que es completamente orgánica. El maíz, cacao, rosa de cacao, hueso de mamey y nuez o coco son algunos de sus ingredientes principales.

“Primero yo mandaba a pedir el cacao molido y la rosita de cacao a Oaxaca y mi cuñada me lo mandaba pero es caro”, dijo Amelia, quien poco a poco fue conociendo métodos para obtener los ingredientes a precios más asequibles.

“Allá [en Oaxaca] es la bebida del campesino, es muy famosa y fresca que toman en la mañana o a mediodía”, explicó Amalia.

En su pequeño apartamento de Los Ángeles, la inmigrante se las ha ingeniado para hacer su téjate.

En el piso pone un plástico y una pequeña cobija donde se pone de rodillas. Sobre el plástico pone su metate —una piedra volcánica rectangular ligeramente curveada con tres patas—donde muele el grano del maíz mezclado con los demás insumos hasta obtener una suave masa.

A veces tiene que hacer el proceso de moler toda la masa hasta tres veces.

“Es mucho trabajo de brazos, a veces duele espalda y se debe hacer de rodillas y en el suelo porque la mesa no aguanta el peso del metate”, contó Amalia mientras demostraba cómo molía su masa.

Después de pasarla tres veces por el metate comienza la mezcla a mano con agua y cubos de hielo. Sin dejar de menear la masa, ésta poco a poco se va convirtiendo en una bebida espumosa y refrescante.

“Aquí todos tomamos téjate, hasta mis nietas”, dijo Amalia quien no pierde su tradición zapoteca.

Contó que en su casa todos, desde su esposo hasta sus hijos y nietos, hablan zapoteco. Ella disfruta vestir sus trajes tradicionales y coloridos bordados con lentejuelas y su delantal de flores.

A su cabello le trenza un listón y lo enreda sobre su cabeza formando un tipo de corona con un moño de listón.

Amalia dijo sentirse orgullosa de ver que más personas disfrutan de su comida y bebidas.

ORGULLO OAXAQUEÑO

“Sigo yendo a las calles, ahí en la Pico y la Western me pongo en las tardes y tengo muchos clientes; blancos, afroamericanos, de todo”, contó esta mujer, que ha impresionado a muchos cuando les da a probar su delicioso téjate. “Luego cuando voy llegando ya están personas que no conozco esperándome para comprar”.

Agregó que sus hijos le dicen que no hay necesidad de que venda en las calles pero ella piensa que nunca estó de más “tener un dinerito extra”.

“A mí me gusta trabajar, no me gusta perder el tiempo”, aseveró Amalia, quien por las mañanas cuida a sus nietas y por las tardes sale a vender.

En este Mes de la Herencia Hispana, dijo estar agradecida de poder compartir su cultura, idioma y tradiciones con familiares y amigos. “Me gusta cuando me invitan a fiestas y reuniones y me dicen que vaya a vender mi téjate y mis tamales”, expresó.

Hoy, además de su venta en la calle y en eventos, también recibe pedidos de téjate y de comida oaxaqueña, como tamales y hasta de mole rojo y negro, entre otras delicias.

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