En diciembre de 2007, Ed. de Oriente y Mediterráneo publicó ‘Tiempo sin tregua. 101 poemas del iraquí’ Al Mutanabbi, seleccionados por Adonis y traducidos por Clara Janés y Milagros Nuin Monreal. Para Adonis «los poemas son brasa de la revolución de nuestra poesía, brasa incandescente, huracán humano, clamor en las entrañas». Dieciséis años después Adonis rompe el collar de la paloma: una perla siempre es la perla y lo mediocre daña más que la enfermedad. Si para Al Mutanabbi, a la fuente de agua hay que acudir para beber y dejarla en su mitad llena de sangre pues no se bebe sin empujar, para Adonis el mundo es hastío, tierra de poderosos sin nombre apodados Hamás, Hezbollá, Netanyahu… Ve manzanas, velos de metal, arenas por todas partes; busca agua para purificar, la que ofrece sed y sangre. Al Mutanabbi escribe: «Nunca he tratado a un gobernante que no fuese más merecedor de cortarle la cabeza que a un ídolo». Adonis, en cambio, no ve gobernantes, no ve cabezas, sólo cuerpos clamando por un cielo. Hay en su corazón hastío; la razón de su poesía es mostrar la chusma indecente que tanto acumula. Corrupción y fango son la desgracia de Oriente. Izan esta realidad el metal y el poder, semillas de lo vil, esa ceguera incapaz de distinguir brasas en el nácar.

Jeanette L. Clariond

 

(París, noviembre, 2023)

Traducción del árabe: Jaafar Al Aluni y Yolanda Soler Onís

 

 

 

I

Eres la tierra

los jefes de las matanzas y emires de la esclavitud

te devoran palmo a palmo.

Eres la tierra

la oscuridad engulle la luz

tu manjar

pan seco amasado con el aliento de los de los muertos.

Eres la tierra

los pies descalzos

tiembla el suelo

vistes andrajos, velos metálicos

para ocultar el rostro de la verdad.

El horizonte se esfuma,

pregunta el sol:

¿Qué es esta nebulosa que gira a mi alrededor?

II

Occidente es hiedra para Oriente

palmo a palmo

arden los cuerpos

el espacio en llamas

¡túnica universal!

¿Quién cultiva la llama?

¿De dónde viene la semilla?

¿Cuándo termina la cosecha?

¿Tienes respuesta

tú, cabeza de esfera que gira entre las tapas de un libro

tú, libro que se deshoja por agujeros cósmicos

mientras se desangran?

¿Tenéis respuesta,

lenguas que bendecís y escanciáis la sangre en copas de carbón y perlas

como “bebida purificadora”?

¿Tienes respuesta,

cuerpo del sacrificio?

¿Y qué decir a tus invitados de otros planetas y galaxias

con sus centinelas explosivos y jinetes que hablan los idiomas del cielo

asistidos por misiles milagro?

Nosotros, fantasmas adánicos, caminamos sobre esta tierra sin tino.

Las palabras cansadas del desierto y de los puentes

tendidos entre el abismo y su sima,

la luz agotada de moverse entre los cuerpos.

Aquí el tiempo se abandona,

elige ser arena en todas partes.

Los espacios se preparan para acoger las danzas bajo el estandarte del milagro

allí donde ángeles, demonios y sus huestes de criaturas mitológicas,

humanas o genios,

intercambian manos, corazones, sesos, acción, ideas y lenguas.

Lejanas voces gritan y preguntan:

¿Acaso debemos desenfundar las letras de las palabras,

despellejar el cuerpo de las cosas para entender?

¿Con qué agua purificaremos la tinta y el papel,

escritura y escritores?

¿Qué encuentros nos depara la muerte

y el infinito?

¿Cuándo y cómo se nos aparecerá el cielo?

¿Por detrás de una roca que rueda en el espacio de lo absurdo

o entre los labios de un trono que “ensancha los Cielos y la Tierra”?

¿Hacia dónde, oh, Cielo?

Edificios destruidos en Jabaliya, Gaza.(Foto:  Abed Sabah | Reuters)
Edificios destruidos en Jabaliya, Gaza.(Foto: Abed Sabah | Reuters)

III

Los relámpagos agonizan, y mi cuerpo se consume

palmo a palmo

en el atanor de la razón

alimentado por los mitos de la Creación.

Los días se inflaman en el seno de la eternidad.

Ensilla el sol su caballería.

Oh sol, planta tus tiendas de piel de recién nacido

fruto de vientres perdidos en un desierto lleno de desahuciados

que ruedan en barriles sujetos al envés de la historia.

Una historia dictada por escritores y lectores que poseen las palabras

ocultas bajo las lenguas del cielo.

¿Qué lenguas son éstas, qué cielo es éste?

¡Oh universo del que se mofa una masa de barro llamada Adán, discúlpanos!

 

IV

¿Quién es éste que habla de lo que ignora?

Se estremece y pregunta:

¿Soy quizá un topo que viaja a ciegas y sin tiempo

y regresa de igual modo?

Y dime, tú que deliras:

¿Acaso debo aprender

a leer el libro del universo al revés?

 

V

El latido del corazón apenas se ha detenido en el cuerpo de la muerte,

¿“murió la muerte” como dice Al-Mutanabbi?

El tribunal de la vida abre juicio a esta segunda tierra

que violó a la anterior:

martillo de la justicia: el presente

la experiencia: su fiel testigo

el pasado, un verdugo tuerto

Y el cielo es ahora la misma muerte.

 

VI

El agua a punto de alzarse gesticula, grita:

No matéis en mi nombre al vientre, la infancia y la crianza.

Ya no basta contemplar a las mariposas y a las aves

que se visten y protegen al amor de la naturaleza.

Ya no basta escuchar el llanto de los manantiales

sobre las tumbas de las plantas y los árboles.

Las cosas son espejos,

cada espejo, un temblor,

un océano de dolor, cada espejo.

Es el aire el que impone su mano sobre la cabeza del sol:

¿Cuándo dará comienzo el futuro de la Humanidad?